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Romario, el mago de Brasil que anotó más de 1000 goles
Romario ganó el Mundial de Estados Unidos 1994 con Brasil y es de los pocos jugadores que han superado los 1000 goles.
- AFP
Es un jugador cuyo físico no es precisamente el estereotipo del delantero centro. Sin embargo, su corta estatura y piernas torcidas son una bomba de relojería que masacran las defensas contrarias.
Posee una velocidad endiablada y la combina con una calidad técnica que rememora a los grandes del fútbol brasileño como Garrincha y Pelé. Es un oportunista por excelencia, pero Romario no se conforma con marcar goles, sino que pone su imaginación al servicio del fútbol y culmina sus jugadas con vaselinas y remates de ensueño.
Es uno de esos pocos jugadores que reivindican el espectáculo, que cada vez escasea más dentro de una cancha. Disfruta jugando y eso lo trasmite; el fútbol es una forma de vida que un brasileño difícilmente concibe sin diversión. En el campo nadie le puede negar su calidad, pero sus muestras de indisciplina le provocaron salir la por la puerta de atrás de equipos europeos como el Valencia de España o quedar exento de la convocatoria del Mundial de Francia de 1998.
Romario de Souza Faria nació en Jacarezinho (una pobre barriada de Rio de Janeiro) el 29 de enero de 1966. Su padre, Edevair, se sorprendía cuando el pequeño Romario demostraba sus habilidades con el balón; había nacido una estrella.
En 1979, le descubrió el Vasco de Gama y durante los ochenta su calidad trascendió al mundo entero. En 1988, fue fichado por el PSV Eindhoven holandés con quien consiguió tres ligas holandesas ( 1988-89, 1991-92 y 1992-93 ) y dos Copas de Holanda ( 1989-90, 1990-91). Además en 1991, fue nombrado mejor jugador europeo. En 1993 firmó por el Barcelona español, donde cuajó una temporada espectacular y en 1994 ganó el campeonato de Liga con el equipo catalán.
En 1994 fue seleccionado por el combinado brasileño para disputar el Campeonato del Mundo de Estados Unidos. Romario se mostró como uno de los jugadores más destacados del torneo y el equipo de la samba consiguió la victoria final. A partir de ahí, ha tenido altos y bajos.
Regresó a Brasil y jugó en el Flamengo. En 1996 ganó la liga de Rio de Janeiro y fue el máximo anotador con 26 dianas. La temporada siguiente recaló en las filas del Valencia de España donde no pudo cosechar una buena actuación y volvió al equipo de sus sueños, el Flamengo. En 1999 firmó con el Vasco de Gama, equipo que le vio nacer como futbolista.
Su verdadera pasión es el fútbol en la playa y el Carnaval de Rio es una cita ineludible, muchas veces incluso por encima de sus compromisos profesionales. Lo que nadie le puede negar es que es profeta en su tierra, donde los aficionados cariocas le idolatran y consideran como uno de los grandes de la historia.
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