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Un póker y un triplete animan el Real Madrid-Barcelona en Copa del Rey

(Con información de EFE) Un póker, suscrito por Leo Messi, y un triplete, rubricado por Cristiano Ronaldo, estimulan un clásico, el desafío entre el Real Madrid y el Barcelona, con la final de la Copa del Rey en juego.
El argentino y el portugués sacian a base de goles cada jornada. Cada envite. Cargados de números y también de razones alientan el primero de los retos de la semifinal copera. La cita inicial, en el Santiago Bernabéu. La vuelta, a finales de febrero en el Camp Nou.
Ambos lideran a cada equipo. Reflejan el estado, la posición y el ánimo a base de guarismos brutales susceptibles de ser convertidos en añicos en el siguiente ejercicio.
En el primer encontronazo entre ambos tras la designación del último Balón de Oro, que volvió a coronar a Messi y a dejar un plano por detrás a Cristiano, el dúo coincide en el Bernabéu con la pólvora cargada y la amenaza lista.
Leo Messi se apuntó un póker el domingo. Ante el Osasuna en el Camp Nou, para mantener al Barcelona en la cima de Primera, asentado en un trayecto intachable a una distancia sideral del resto de aspirantes resignados.
El argentino llega al Bernabéu con 44 goles a sus espaldas. 33 en la Liga; cuatro en la Copa del Rey y cinco en la Liga de Campeones, a los que hay que sumar los dos de la Supercopa. Una media de 1,29 goles por partido.
La 'Pulga' respondió de esta forma al triplete conseguido por la mañana por Cristiano Ronaldo ante el Getafe y sigue engordando con su enorme voracidad sus increíbles estadísticas: esas que dicen que lleva once jornadas consecutivas marcando y que esos 33 goles en el presente curso elevan a 202 los tantos sumados en esta competición en toda su carrera.
El luso está lejos del argentino. Once goles por debajo. Messi ha sumado en Liga los mismos tantos que Cristiano Ronaldo acumula entre todas las competiciones: 33.
El triplete ante el Getafe ponen la cifra del portugués en la Liga en 21 goles en los veinte partidos que ha jugado. Además, ha dado al Real Madrid cuatro en la Copa del Rey y dos en la Supercopa y seis más en la Liga de Campeones.
Más allá del clásico, del futuro en juego tanto para el Barcelona como para el Real Madrid, relumbra el duelo particular, estelar, entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, cabecillas absolutos y amparo de ambos equipos, condenados a encontrarse en la puja por cada meta.
Messi y Cristiano van a su aire. Al margen. Llevan ambos su propio ritmo. Números diferentes, récords históricos que rebasan, acaparan o comparten. Transitan a una velocidad distinta que el resto y en su empeño arrastran a los intereses globales de sus propios compañeros.
El argentino y el portugués siguen sometidos a su personal competencia. Con las hostilidades despiertas, acentuadas por los colores antagónicos que resguardan.
Messi es el alma azulgrana. El que desatasca en las escasas ocasiones en las que la maquinaria azulgrana no encuentra el ritmo. Está al margen del alrededor. De si es Pep Guardiola, Tito Vilanova o Jordi Roura el que está en el banquillo. Acumula números brutales y no vuelve la cara en las grandes ocasiones, donde se crece.
Hace tiempo ya que Messi es el rey. A sus 25 años asume la supremacía mundial. Un debate que dejó sin cuestión para abrir la discusión sobre el mejor de la historia. Messi siempre da la cara. El cuádruple ganador del Balón de Oro hizo suya también la Bota de Oro, que heredó de su rival, Ronaldo.
El luso se quedó sin premio individual para iluminar sus méritos. Ronaldo se resiste a estancarse a la sombra del argentino. Y ha sido el argumento que ha sostenido al conjunto blanco en un año plagado de sinsabores.
Ronaldo, que afronta también de cara las grandes citas, se agarra, igual que el Real Madrid, a las Copas, del Rey y de Europa, para dar aire a una temporada que se ha desarrollado torcida.
Cristiano Ronaldo se estimula en los clásicos. Fue precisamente en la final de la Copa del Rey de hace dos años donde el portugués salió airoso y rompió el maleficio que se le achacaba. Llegó y determinó con el gol del triunfo en un partido magno. Su papel ha crecido en los posteriores choques contra el conjunto azulgrana. Dio el triunfo al Real Madrid en el Camp Nou en la Liga pasada y la Supercopa del inicio de campaña.
El recorrido de Messi agiganta el empeño de Cristiano. Al contrario que su enemigo, producto de la virtud, el portugués es fruto del empeño, del trabajo. De horas de práctica y horas de gimnasio. De ambición por ser el mejor. Y eso también le ha llevado a ser diferente, a invadir la historia. A convertirse en leyenda.
Ya nada cuestiona la preponderancia del luso. Solo algunos modos, que también parecen haber cambiado. Idolatrado ya en el Bernabéu, ha ganado también esa batalla. La Copa espera por tercer año consecutivo entre Real Madrid y Barcelona para dictaminar un nuevo veredicto.

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