La dramática y lamentable final de la Copa Sudamericana 2012
La final de la Copa Sudamericana 2012 sigue resonando en el ambiente del fútbol mundial no tanto por el juego en sí sino por el bochornoso desenlace en el cual concluyó.
Tras empatarle sin goles a Tigre en Buenos Aires y ganarle 2-0 en el primer tiempo (no se jugó el segundo), Sao Paulo celebró como si nada hubiese pasado la obtención del único título que le faltaba, el de la Copa Sudamericana en el estadio Morumbí.
Tigre, uno de los equipos humildes del torneo de primera de Argentina, con orígenes que se remontan a un pasado sajón, jugó su primera final "grande" en toda su historia, y previo a la final se consideraba que sus opciones de vencer al Sao Paulo eran mínimas.
El centrocampista Lucas, que se despidió del Sao Paulo para pasar al París Saint Germain, anotó uno de los goles paulistas y fue apuntado por los jugadores de Tigre como el que los "sobró" al cierre del primer tiempo.
Así los jugadores del club argentino reaccionaron y comenzaron los empujones y otras cosas más.
La escena fue típica de torneos regionales como la Sudamericana y la Libertadores y hasta ahí el tumulto se consideró "normal y aceptable".
Sin embargo lo que debía ser una final más de un torneo internacional entre las máximas potencias rivales del fútbol sudamericano se tornó en el gran escándalo que abochorna a Brasil, cuando Tigre, el equipo de la visita, rehusó regresar a la cancha para la segunda parte del partido.
El exastro Ronaldo, como miembro del Comité Organizador Local de la Copa Mundo, no tardó en declarar y tomar partido por lo ocurrido. Pidió en su Twitter "una sanción durísima" contra Tigre. "Diez años sin participar en las competiciones sudamericanas", reclamó el exfutbolista.
Los empujones, insultos y provocaciones entre jugadores de los dos equipos no cesaron y continuaron hasta la cercanía del túnel.
Jugadores paulistas cubrieron a Lucas de posibles agresiones de algunos jugadores de Tigre pero nadie lo golpeó y quedó la impresión que en los vestuarios todos los participantes se calmarían.
El jugador dejando el campo de juego. Uno de los comentarios que indignó al club argentino fue emitido por el presidente de Santos, Juvenal Juvencio, quien dijo que los jugadores de Tigre "no querían goleados y que no tenían agallas".
Jugadores de Tigre rumbo al vestuario, ya la cosa estaba mal pero lo que sucedió después causó estupor en el mundo del fútbol.
Los agresores "eran todos guardias de seguridad y le pegaron a los jugadores. En estos partidos no es raro que haya problemas adentro de la cancha, pero nunca viví una cosa así", dijo a la prensa el entrenador de Tigre, Néstor Gorosito, antes de entrar a los vestuarios.
La policía selló las entradas a los vestuarios y no se pudo averiguar que estaba pasando en el camerín de la visita.
Fue casi media hora de confusión e incertidumbre. Tigre no regresaba a la cancha, la afición de Sao Paulo festejaba y los jugadores argentinos denunciaron que en los vestuarios, tras empellones entre los dos equipos en la cancha, agentes de seguridad del Sao Paulo la emprendieron a golpes contra ellos, e incluso los amenazaron con armas de fuego.
El periodismo fue vetado y algunos dirigentes de Tigre tampoco pudieron ingresar a los vestuarios.
Imagen del camerino de Tigre, algo revuelto y totalmente vacío, sin embargo, el club visitante reiteró los hechos denunciados dentro del camerino aunque estos no fueron captados por la prensa local, y sólo las caras golpeadas de algunos jugadores y un rastro de sangre en una pared constituyen la evidencia del altercado.
Estas versiones fueron negadas por la dirigencia paulista y por la seguridad del Sao Paulo, que dijo que sólo intervino para evitar que los jugadores de Tigre invadieran el vestuario de los locales.
El escándalo cayó en el peor momento: Brasil, a un año y medio de recibir el Mundial 2014, se esfuerza por lustrar su imagen como anfitrión y borrar las huellas de violencia dentro y fuera de las canchas en ciudades como Sao Paulo, una de las sedes del torneo.
Pese a la gravedad de los alegatos, el árbitro chileno Enrique Osses dio por terminado el partido y adjudicó la Copa Sudamericana al Sao Paulo tras la reglamentaria espera de media hora para que un equipo se presente a jugar.
Dos figuras legendarias y longevas del fútbol sudamericano: Nicolás Leoz, a la derecha, estuvo presente en la ceremonia de cierre. La otra persona es Julio Grondona, mandamás del fútbol argentino. De hecho la AFA a través del Secretario General indicó que "se apoyará a Tigre, pero no se va a mandar a nadie a la Conmebol porque AFA no tiene nada que ver".